lunes, 16 de enero de 2012

Y entonces empecé a hervir. Prólogo.


El día que se cumplía mi quinto mes como parado reventé como una sandía que se nos cae al suelo. Pensaba que lo estaba llevando bien, pero la realidad era que no. Demasiado tiempo fuera de circulación. Cuando me fui a vivir a Chicago muchos me animaron: “ábrete un blog y nos vas contando qué tal”. Fue tan bien que no tuve tiempo ni para planteármelo. Pero ahora la cosa es distinta. Ahora sí tengo tiempo libre y cosas que contar. Pero como no tenía donde hacerlo, he optado por esta fórmula. “Qué más da donde lo cuentes”, me dije.  “Lo importante es que lo cuentes”, me quise tranquilizar...

Lo siguiente que hice fue abrir este blog. No tiene mucha enjundia estética. En realidad es uno más de los miles de blogs que a diario gente como yo abre en este portal.  Lo que espero que me diferencie del resto son las historias que contendrá. De todo tipo, pero siempre del lado de la calle.  Preferentemente en Canarias, que es donde vivo. Pero si salgo fuera, contaré las historias de fuera. Y tengo poco más que decir.

Con respecto a mí: cuando escribo esto me quedan siete meses para darle la bienvenida a la treintena. Soy periodista, porque un título lo dice y, sobre todo, porque mi madre puede dar fe de que nunca quise ser otra cosa. Escribí un libro sobre reporterismo en televisión que, por cada ejemplar vendido, me reporta el precio de un botellín de cerveza. Tengo gafas y, como miles de compañeros, un currículo lleno de hazañas que sirve para poco a la hora de encontrar trabajo.

Ahora, mientras el paro me lo permita y no tenga que cambiar de actividad profesional para poder pagarme el alquiler y hacer la compra, intentaré hacer lo que me gusta: contar historias de la calle. A pie de calle.  Quizá quede poco tiempo. Pero pienso aprovecharlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario