El pasado viernes el Consejo de Ministros aprobaba de forma
sorpresiva –la decisión no se esperaba al menos hasta el verano- el Real Decreto que da luz verde a Repsol
para llevar a cabo las prospecciones petrolíferas frente a Canarias.
Estaban pendientes de ser realizadas desde 2001, cuando otro gobierno del Partido Popular,
entonces liderado por José María Aznar, puso en marcha el proceso
administrativo necesario para confirmar que bajo el lecho marino que se
extiende al este del Archipiélago se esconde, al menos, el 10 por ciento del
consumo de crudo en España.
Esta decisión, tomada paradójicamente por el ministro de
Industria canario José Manuel Soria, ha conseguido levantar un frente común en
las Islas de oposición a las futuras prospecciones.
Tanto desde la sociedad civil, a través de movimientos
ecologistas y ciudadanos, como desde las instituciones canarias –cabildos,
ayuntamientos y Ejecutivo regional- se han apresurado a rechazar el Real
Decreto, que califican de perjudicial para los intereses regionales, tanto desde el punto de vista económico, por sus efectos nocivos sobre el turismo, como
medioambiental.
Sin embargo, parece poco probable que Canarias vaya a
enfrentarse desde la unidad a esta luchar por evitar que Repsol perfore definitivamente en los cuadrantes delimitados frente a Lanzarote
y Fuerteventura.
Los ecologistas ya han precisado que no estarán al lado del Ejecutivo
autonómico, y en particular de su presidente, Paulino Rivero, que por cierto ha
hecho de su frontal negativa a las prospecciones una bandera con la que tapar a
los 279.000 parados que hay censados en Canarias, un paño que le ha servido
también para acusar al Gobierno de España de comportarse con las Islas del mismo modo en que las antiguas metrópolis lo hacían con sus colonias.
Esta ausencia de un bloque común contra uno de los mayores
riesgos ecológicos a los que se ha enfrentado esta región, según explican la
mayoría de los expertos, se debe a la posición mantenida por Coalición Canaria,
no hace tanto tiempo, en cuestiones vitales para la biodiversidad de este
territorio, en especial, el Catálogo de
Especies Amenazadas.
A pesar de haber encontrado la oposición más encarnizada de la
mayoría del mundo académico, así como de los movimientos ecologistas, Coalición
Canaria –y el Partido Popular- defendieron a capa y espada en el Parlamento la aprobación del nuevo catálogo, la
construcción del Puerto de Granadilla o la instalación (futura) del gas en Gran
Canaria y Tenerife.
Mención aparte requiere el Partido Socialista Canario
(PSC-PSOE), cuyo secretario regional y vicepresidente autonómico, José Miguel
Pérez, no escondió hace algo más de un año su predisposición a que Repsol llevara a cabo los trabajos de exploración argumentando, dijo entonces, que solo veía “ventajas” tanto en seguridad
como en cooperación.
Entre ese momento y ahora han mediado unas elecciones regionales
y su posterior incorporación al pacto con el que junto a los nacionalistas
gobiernan en las Islas Canarias, y en virtud del cual, Pérez es ahora vicepresidente del Gobierno
canario. Ay, qué dura es la hemeroteca de los periódicos para según qué cosas.
Ante tal panorama, y durante una charla informativa este
martes en Las Palmas de Gran Canaria organizada por Ben Magec, este colectivo
se apresuró a clarificar su posición respecto al neo-medioambientalismo de CC y PSC. “No habrá boda con el Gobierno
de Canarias. No compartimos ni coincidimos su postura en temas como el gas o el
catálogo de especies. No nos casaremos con ellos”, han afirmado de manera
rotunda.
Un ejercicio previsible de coherencia de este grupo
ecologista, uno de los mayores azotes de Coalición Canaria en todas aquellas decisiones
recientes que han afectado a los valores naturales del Archipiélago. Lamentablemente cabe preguntarse
si no sería más eficaz para la consecución del objetivo que Gobierno regional y
ecologistas crearan un frente común con el que luchar por la paralización de
las prospecciones.
Pero éstos últimos están legitimados para mirar al Ejecutivo
Regional, dada su actual composición y el historial que les avala, y recordarles
que si un día desertaron de la causa medioambiental, no pueden esperar ahora ser
bienvenidos.
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